Yiya Murano: del mito de envenenar con masas a ser la autora de más crímenes

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María de las Mercedes Bolla Aponte de Murano, alias «Yiya», se hizo conocida a través de los años como «la envenenadora de Monserrat». Fue la primera mujer asesina serial de la historia criminal argentina. Era metódica para matar y asesinó por codicia a dos amigas y a una prima segunda. Las mató para no devolverles los casi 50.000.000 de pesos ley 18.188 que las víctimas le habían entregado luego de que ella les prometió que multiplicaría esas sumas en la bicicleta financiera que dominaba el mercado económico de la Argentina de 1979. Hoy, tiene 86 años y se cree que vive en un geriátrico.

Si bien la condenaron por asesinar a tres mujeres a quienes envenenó con cianuro, varias fuentes consultadas por el diario La Nación aseguraron que habría matado a otras dos personas, un matrimonio al que le debía dinero. Pero, por falta de pruebas, el juez de Instrucción Diego Perés no pudo vincular la muerte de esa pareja con Yiya.

Luego de entrevistarla, el forense Avellino Vicente Do Pico comparó a Yiya con Nerón. Según relató un funcionario judicial que intervino en la investigación, el legista dijo que era una psicópata, que no demostraba arrepentimiento. En la entrevista, esta mujer, hija de militares, admitió que, si bien estaba casada, tenía al menos dos amantes: un poderoso empresario y un comisario general de la Policía Federal.

Yiya fue detenida el 27 de abril de 1979. Un mes antes, en el juzgado de Instrucción N° 20, se había recibido un sumario policial en el que se investigaban las causas de la muerte de Carmen Zulema Del Giorgio de Venturino. Las hijas de la víctima pidieron que se hiciera la autopsia porque el portero del edificio en el que vivía alertó que había visto a Yiya ingresar en el departamento y salir con un papel y un frasco. Al revisar el departamento, las hijas de la víctima establecieron que faltaba el pagaré por 20.000.000 de pesos ley 18.188 que Yiya le había firmado a su madre.

En la autopsia se determinó que Del Giorgio de Venturino había sido envenenada con cianuro. Además, el letrado José María Orgeira, quien intervino como querellante en representación de las hijas de la víctima, aportó el testimonio del portero del edificio, quien indicó que Yiya llegó al palier momentos después que Del Giorgio de Venturino cayera escaleras abajo. Según el abogado, los testigos escucharon a la acusada preguntar a los vecinos que socorrían a la mujer «si se había muerto, si le había pasado algo y si había hablado». Luego vieron que Yiya ingresó en el departamento, según explicó, «para retirar la agenda para avisarle a la familia». Los testigos la vieron salir con un papel y un pequeño frasco.

Al reconstruir los hechos de ese 24 de marzo de 1979, los detectives de la División Homicidios de la Policía Federal establecieron que el papel que llevaba Yiya era el pagaré que acreditaba la deuda que mantenía con la víctima y se sospecha que el frasco contenía el cianuro con el que había envenenado a la amiga.

En medio de la búsqueda de testigos que conocieran a la víctima, un sargento de la División Homicidios escuchó que Yiya desarrollaba un actividad que le ocultaba a su esposo, el abogado Antonio Murano: trabajaba como usurera. Prometía multiplicar el dinero que tenían sus amigas en inversiones en el mercado financiero local.

Así fue como estableció que dos mujeres a las que Yiya les debía dinero habían fallecido 30 días antes. Al llevarle este dato al juez Perés , el magistrado decidió exhumar los cuerpos de Nilda Gamba y Lelia Formisano de Ayala. Ambas habían sido sepultadas en el cementerio de la Chacarita. La primera falleció el 11 de febrero de 1979, mientras que Formisano de Ayala murió 11 días después.

En los certificados de defunción, se consignó que habían fallecido por causas naturales. Las autopsias confirmaron que había restos de cianuro en ambos cuerpos. Al comprobar que los certificados de defunción eran falsos, el magistrado procesó por falsedad ideológica a los médicos. Durante la investigación se comprobó que al menos uno de esos médicos cobró dinero de parte de Yiya porque quería evitar que le hicieran la autopsia a su vecina Nilda Gamba.

Esta mujer era vecina de Yiya y fue la primera víctima. Sobrevivió a una primera intoxicación con cianuro. Luego de recibir al médico de la emergencia que atendió a su vecina del departamento de México 1177, Yiya se ofreció a cuidarla. Dos días después, los médicos volvieron a la casa y comprobaron que la mujer estaba fría y había fallecido. Cuando le preguntaron a Yiya por qué no había llamado antes, la mujer respondió sin inmutarse: «No estaba autorizada». Al día siguiente fue a la comisaría para solicitar que no le hicieran la autopsia.

Formisano de Ayala fue la siguiente víctima. También era acreedora de Yiya. Los investigadores determinaron que las invitó a tomar el té con la promesa de cancelar las deudas. En vez de pagarles, puso cianuro en los saquitos de té y las envenenó.

«Pude aportar 70 indicios que avalaron la presunción de culpabilidad de Yiya en los tres homicidios. Aunque creo que mató al menos a una persona más, pero no lo pude probar», expresó el abogado Orgeira. A pesar de esos indicios, el juez de Sentencia Ángel Mercado absolvió a Yiya y la liberó. Pero Orgeira y el fiscal Mario Eduardo de la Vega recurrieron el fallo y, en junio de 1985, la Sala III de la Cámara del Crimen, integrada por José Massoni, Oscar Ocampo y Pablo Laoumugne condenaron a Yiya a prisión perpetua. En 1993, el presidente Carlos Menem le conmutó la pena y recuperó la libertad.