Estranguló a su novia en un descampado del bosque Peralta Ramos y lo condenaron a perpetua

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Un joven acusado por haber estrangulado a su pareja hasta matarla en un descampado del Bosque Peralta Ramos, en la ciudad bonaerense de Mar del Plata, fue condenado a prisión perpetua, informaron fuentes judiciales.

La sentencia fue dada a conocer por los integrantes del Tribunal Oral en lo Criminal 1 marplatense, el mismo que intervino recientemente en el juicio que absolvió a los dos principales acusados por la violación y femicidio de la adolescente de 16 años Lucía Pérez, un fallo que generó rechazo por parte de distintos sectores y marchas en reclamo de justicia.

En este caso, los magistrados Pablo Viñas, Facundo Gómez Urso y Aldo Carnevale condenaron de manera unánime a Héctor Nahuel González (27) por el «homicidio agravado por el vínculo y por haber mediado violencia de género» en perjuicio de Jimena Beatriz Silva (20), ocurrido el 22 de febrero de 2017 en la reserva forestal ubicada en la zona sur de la localidad balnearia.

Los jueces coincidieron con el pedido realizado por la fiscal del caso, Andrea Gómez, que en su alegato de la semana pasada también había pedido la condena de prisión perpetua para el acusado.

El femicida fue declarado además reincidente, por una condena dictada en su contra en 2016, luego de que Silva lo acusara de un robo y lo denunciara por una violación, que no pudo ser probada.

Si bien la materialidad y autoría del hecho nunca fueron discutidas, la defensa de González, a cargo del abogado Eduardo Carmona, había rechazado el pedido formulado por la fiscal en cuanto a la reincidencia, pero los jueces no hicieron lugar al planteo.

En los fundamentos de la sentencia, los magistrados describieron «una compleja problemática de violencia en la pareja desde mucho tiempo antes» del crimen, y señalaron que el acusado «golpeaba y denigraba a la víctima a su antojo».

Los jueces destacaron como agravantes «la violencia física desplegada por el imputado en vida de la víctima y la desplegada al momento de su muerte; la violencia psicológica ejercida por el encausado hacia la víctima, cosificándola y creando un estado de indefensión y socavando su autoestima», y la «corta edad» de la joven.

«Tenemos mucho dolor, pero al fin Jimena puede descansar en paz», dijo tras el fallo Graciela Beatriz Cayo, madre de la víctima, y última persona en verla con vida antes de que González la asesinara.

Cayo, quien junto al resto de la familia y allegados de Silva reclamó justicia por su hija con numerosas marchas y manifestaciones durante 22 meses, no había podido declarar durante la última audiencia del juicio porque sufrió una descompensación y debió recibir asistencia médica.

Para los magistrados, quedó acreditado que Silva murió estrangulada con un cable y que su cadáver fue encontrado por un grupo de chicos que andaban en bicicleta en un terreno baldío del bosque.

Tras el hallazgo del cadáver, la pareja de la chica fue detenida en las inmediaciones del lugar y aunque inicialmente habría confesado el crimen ante personal policial, pocas horas después se negó a prestar declaración indagatoria en la fiscalía.

La autopsia realizada al cuerpo de la víctima determinó la presencia de múltiples golpes en el rostro y otras partes del cuerpo, signos de que la chica había intentado defenderse del ataque: durante el juicio se incorporó además como prueba un informe pericial de análisis comparativo de ADN, en el que se concluyó que en las muestras obtenidas de las uñas de la víctima» se detectó perfil genético del imputado».

Tanto en el debate oral como a lo largo de la instrucción, pudo acreditarse que Silva y González mantenían una relación intermitente desde hacía unos cuatro años.

«Era una relación signada por la violencia de género: un espiral de violencia del que ella no pudo salir a tiempo», dijo la fiscal.

En ese sentido, el fallo señala: «Jimena Silva murió como vivió sus últimos cuatro años. González la mató como la trató. Jimena vivió su relación y murió sufriendo, aunque siempre justificando a su pareja. Jimena, junto a González, perdió su humanidad, su individualidad y se convirtió en un objeto en base a amenazas, golpes y malos tratos».