Si por un instante analizamos el símbolo universal de la Justicia -la balanza- podemos observar dos platillos en equilibrio y un fiel en su centro de gravedad.

En el proceso penal, el fiscal, el representante del Ministerio Público, el que lleva adelante los intereses de la comunidad agraviada por un delito, ocupa simbólicamente uno de esos platillos. En el otro extremo, igual y opuesto, el imputado con su defensor. Ambos somos «partes» en el proceso. Es decir, somos «parciales». En el medio, el «inter-partes», el único imparcial, el juez.

El Sr. fiscal federal Guillermo Marijuan hizo un comentario sobre una petición realizada en una causa penal en la que él actúa, como PARTE… La Sra. Cristina Fernández, la CONTRA-PARTE, puso el grito en el cielo ante semejante «escándalo sin precedentes» (sic).

En realidad, no hay escándalo alguno y si miles de precedentes.

Los fiscales opinamos continuamente respecto de nuestras peticiones y formulamos hipótesis respecto del éxito o no de nuestra actuación.

Hay colegas que se prestan a las entrevistas periodísticas y otros que prefieren el bajo perfil mediático. Es cuestión de estilo. Es un derecho de cada uno de nosotros.

Los fiscales no «pre-juzgamos» por una sencilla razón: No juzgamos. Sólo peticionamos ante los jueces y tribunales colegiados.

No hay recusación posible para un fiscal por emitir una opinión. Mucho menos, un eventual juicio pólítico como el que se intenta promover.

Sería tan absurdo como el hecho de denunciar al defensor porque, eventualmente, diga públicamente, «mi cliente es inocente y ello quedará demostrado en el juicio…»

En definitiva, esta debate no supera el rango de una discusión de peluquería de señoras o de mesa de café de caballeros.

Marcelo Carlos Romero – Fiscal del Ministerio Público