El Vaticano investiga por lavado de dinero a un cura salteño

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Un escándalo se desató en la ciudad de Salta cuando se hizo pública la noticia de que el cura franciscano Agustín Rosas, a cargo de la Iglesia de la Santa Cruz, había sido denunciado por otros religiosos por “lavado de dinero y presuntos vínculos con el narcotráfico”. La acusación fue dirigida al Vaticano. Y desde la Santa Sede enviaron a una comisión encabezada por el obispo emérito de Quilmes, Luis Stöckler, para que investigue a fondo el caso. Por el momento, Rosas y la hermana María, otra integrante de la parroquia, fueron separados de sus cargos mientras se averigua si el párroco puede justificar su patrimonio, publica el diario Perfil.

Días después de haberse presentado la delegación en el norte, nadie salió a desmentir ni afirmar la versión, aunque el sacerdote Jorge Crespo, quien trabajó con Rosas durante más de dos años, destacó que al denunciado lo involucraron por una persona que estaría ligada al narcotráfico y hace donaciones “para limpiar su conciencia”.

En calle Santa Fe 1247, el ahora investigado fundó su Instituto Religioso Clerical Hermanos, discípulos de Jesús de San Juan Bautista y uno de los que ayudó, a principios del 86,  fue precisamente Crespo, quien brindó detalles a este diario.

“Hay un problema económico que no se puede justificar. Se mencionó la palabra droga, pero eso no significa que el padre Rosas sea un drogadicto o que drogaba a la comunidad”, detalló. Crespo sabe que la denuncia no es ficticia y que sería producto de “la plata sucia”. “Nosotros nos manejamos con donaciones y es la gente la que aporta dinero”, dijo el sacerdote. “El drama es que en estas donaciones entró plata que no se sabe de dónde sale y ahora el padre deberá justificarla”.


Alta gama. Uno de los principales cuestionamientos hacia Rosas y su llamativa economía sería el vehículo en el que se mueve por la ciudad. Si bien no se brindaron detalles de la marca, la gente que suele verlo asegura que “maneja un coche de alta gama”. De esto también habló Crespo: “Si el padre declara que recibió cierta cantidad de dinero, tendrá que demostrar en qué la gastó. Los interventores están cumpliendo esa tarea.  El tiene que demostrar, por ejemplo, cómo se compró el auto”.

Con casi treinta años a cargo de la parroquia, el sacerdote conoce a la mayoría de sus feligreses, especialmente a quienes realizan donaciones y Crespo está seguro que de ahí surgió el vínculo de Rosas con el lavado de dinero:  “Se le pide colaboración a la gente que uno conoce. El conocía a personas de dinero que se comprometen a ayudar.  Muchos colaboran de buena voluntad, otros para limpiar su conciencia”. “Los curas a veces somos inocentes; no sabemos de dónde viene lo recibido. Sé que se está investigando a alguien que es benefactor y ahí lo salpican al padre Rosas”, cerró.

Hasta el próximo jueves la comisión del Vaticano se quedará en Salta, donde evaluará la administración de cada convento para detallar si es que coinciden los ingresos, pero por el momento no se abrió ninguna causa judicial.

Mientras los salteños no salen del asombro, Stöckler y el resto de los enviados por la Santa Sede casi no se dejan ver. El hermetismo en la iglesia es absoluto. Nadie quiere ni siquiera mencionar a Rosas y menos hablar del tema narcotráfico. “Está todo bien”, atinó a decir Stöckler delante de periodistas y rodeado de fieles que se mostraron a favor del cura.

La búsqueda que pueda acreditar el vínculo o despegar por completo al fundador de discípulos de Jesús de San Juan Bautista demandará mucho tiempo. Tanto que para el párroco Sergio Chauque, otro conocido miembro de la iglesia, “llevará al menos ocho meses”.