La orden de los policías para tapar el crimen de Lucas: «Nadie graba ni saca fotos»

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La trama de encubrimiento que rodeó la investigación del crimen de Lucas González, el joven futbolista asesinado el miércoles 17 de noviembre pasado por una cuadrilla de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires, comenzó a gestarse cuando el chico de 17 años agonizaba en el asiento de acompañante de una Volkswagen Surán, con un balazo en la cabeza. Según la fiscalía, al menos seis efectivos «alteraron los rastros y pruebas del delito» para cubrir a los oficiales Juan José Nieva (36), Fabián Andrés López (46) y Gabriel Issasi (40), los tres acusados por el homicidio del juvenil de Barracas Central.

Los investigadores entendieron que los comisarios Fabián Alberto Du Santos y Juan Romero, el subcomisario Roberto Inca, el principal Héctor Cuevas, las oficiales Lorena Miño y Micaela Fariña «insertaron datos falsos en las actuaciones labradas por personal de la División Intervenciones Judiciales la Policía Federal Argentina y en la nota inicial confeccionada el 18/11/21 por el Juzgado Nacional de Menores Nº 4», según se desprende del pedido de detención que formuló el fiscal federal Leonel Gómez Barbella.

Para la fiscalía, los seis policías porteños llegaron al lugar e inmediatamente intentaron «fingir y hacer parecer que se había tratado de un “enfrentamiento”. Para ello, según entendió el titular de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N° 32 de la Ciudad de Buenos Aires, «colocaron un arma de utilería en el interior del auto» en el que viajaban los futbolistas Julián S., Lucas González, Niven H. G. y Joaquín Z.G.

En base a los testimonios de las víctimas y sus padres, en especial Ricardo Marcelo Zuñiga, reconstruyeron parte de lo que pasó en la escena del crimen. Por ejemplo, que los efectivos que arribaron al lugar -entre ellos mujeres- insultaron a los chicos con un significativo odio racial: “Hijo de puta… sos un villero», «a ustedes también hay que pegarle un tiro en la cabeza”, «dónde tenes la falopa», «donde está el arma con la que mataste a tu amigo”, fueron algunas de las frases que los chicos reprodujeron en sus testimonios.

A su vez, coincidieron al señalar la preocupación de los efectivos por las cámaras de seguridad o las pruebas que podrían surgir de grabaciones propias. “¿Hay domos acá?  ¿Hay cámaras de seguridad?», preguntó uno de los policías y ante la negativa bajó una orden clara: «Entonces, nadie graba, ni saca fotos”, exigió.

«Lo hicieron para ocultar lo que en rigor de la verdad había sucedido, un terrible hecho de homicidio y tentativas de otros homicidios», interpretó el fiscal en el pedido de detención contra los seis policías que se terminó de concretar ayer con la detención de Lorena Miño.

Sobre el plantado del arma, el fiscal destacó que los imputados Nieva, Isassi y López coincidieron al declarar que los jóvenes nunca exhibieron un arma de fuego. Sin embargo, al arribar personal de la División Intervenciones Judiciales la Policía Federal Argentina (PFA), halló en el interior del auto de los chicos una réplica de arma de fuego con la inscripción “The Punisher”.

«En virtud de todo lo producido hasta el momento en la investigación, se puede afirmar que tal elemento fue efectivamente colocado por los aquí encausados», aseguró Gómez Barbella, en relación con la participación de los otros seis policías porteños.

El fiscal federal destacó que, por la falsa versión que dieron estos policías, los adolescentes Julián A. S. y Joaquín Z. G. «permanecieron esposados, tirados en la cinta asfáltica en calidad de detenidos, otorgándoles un trato como personas imputadas de haber cometido un grave delito».

«Entre las 10 de la mañana y las 20 aproximadamente, permanecieron privados ilegítimamente de su libertad dentro de un patrullero, mientras que el cuarto ocupante del auto se presentó junto a su mamá, horas después en la Comisaría 4D de la Policía de la Ciudad donde se lo detuvo ilegítimamente, también acusado de un grave delito a raíz de un procedimiento absolutamente falaz», entendió el fiscal en el pedido de detención.

De acuerdo a la investigación, el hecho sucedió el 17 de noviembre cerca de las 9.30, cuando Lucas y sus tres amigos, todos de 17 años, salieron de entrenar del club Barracas Central a bordo de un Volkswagen Suran azul y cuando se detuvieron a comprar jugos en un kiosco fueron abordados por un Nissan Tiida de la Brigada de la Comuna 4 de a Policía de la Ciudad, con tres efectivos que bajaron y, sin identificarse, los abordaron con armas.

Los jóvenes, al creer que iban a ser asaltados, aceleraron para huir y los policías Nieva, López e Issasi les dispararon.

Lucas recibió un tiro en la cabeza que le provocó la muerte poco después en el hospital El Cruce, de Florencio Varela, mientras que sus amigos fueron inicialmente detenidos como si fueran delincuentes, aunque al día siguiente fueron liberados.