Analizan las huellas en la mansión de la mujer asesinada en Parque Leloir

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El estupor invade por estas horas al círculo íntimo de María Teresa “Taty” Valente, asesinada el sábado en su mansión de Parque Leloir. Sus hijos, su ex marido y sus allegados decidieron resguardarse en el silencio, mientras la Justicia investiga la muerte de la mujer de 62 años. “Dentro del horror están tranquilos”, describieron en el entorno de la víctima. Todos coinciden en una cosa: ante sus conocidos, sostienen que para ellos se trató de un suicidio.

Los investigadores, por su parte, analizaban ayer las huellas digitales levantadas del caserón para buscar alguna ajena a los familiares y saber si “Taty” pudo haber recibido en su casa a una persona desconocida por ellos. O, en cambio, descartar esa hipótesis y cerrar el círculo de sospechosos entre familia y empleados que frecuentan la mansión de Udaondo 3497, en Ituzaingó.

Valeria (31), hija de “Taty” y madre de los dos nietos de la víctima, es abogada y sigue de cerca los pasos de la investigación. Ayer esperaba atenta la declaración de la forense ante la fiscal del caso con la esperanza de que hubiera algún tipo de “error” en la autopsia.

“Ellos siguen creyendo que fue un suicidio o al menos es lo que exteriorizaron. María Teresa estaba muy deprimida, tomaba un cóctel de pastillas y la idea de un homicidio no les cierra. Sobre todo meses después de su intento de suicidio”, confiaron allegados de la familia a Clarín.

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Sin embargo las pruebas parecen irrefutables: los resultados preliminares de la autopsia revelaron que “Taty” murió por asfixia mecánica. Tenía lastimaduras en el interior de la boca por la presión ejercida sobre ella y creen que usaron algún elemento – una toalla o una almohada- para sofocarla sin dejar marcas sobre su piel. Eso no pudo ocultar sus dos carótidas destrozadas, el edema pulmonar y la congestión cerebral que describe el informe preliminar del Cuerpo Médico Forense.

La familia es muy conocida en la zona oeste del Conurbano. “Taty” Valente y su ex marido, Omar Geraige, eran socios en dos restoranes: “Punta Leloir” y “Punta Libre”, ambos icónos de Ituzaingó.

“Hace más o menos siete meses que se habían separado. Ella lo sufrió muchísimo porque era impensado; él la dejó. Se trata de un núcleo muy unido, siempre estaban juntos. Ella acompañaba a su marido a todos lados, incluso en los negocios. Entonces, cuando se distanciaron parecía increíble, nadie lo esperaba”, reconoció un amigo de “Taty”, que no quiso dar detalles de los motivos que derivaron en la separación. Algunas versiones apuntan a una infidelidad de Geraige, pero por el bajo perfil que caracteriza a la familia lo habrían mantenido en reserva.

Con el afán de preservar la intimidad familiar, los perfiles de Facebook de “Taty” y de sus hija fueron cerrados el miércoles. Hasta entonces rebalsaban de fotos familiares e instantáneas de la mujer con su ex, sus hijos y sus nietos. Los teléfonos permanecen apagados y el silencio de los protagonistas rodea el caso.

Como durante las primeras horas del hallazgo del cadáver se investigó el hecho como una muerte natural o siguiendo la teoría del suicidio, la casa de Udaondo tuvo que ser peritada nuevamente luego de que se conociera el resultado de la autopsia. Las huellas que se levantaron en esa segunda oportunidad estaban siendo analizadas en las últimas horas.

“Se prevé que la mayoría sean de la empleada doméstica, de la propia ‘Taty’ y de su hijo, Omar Geraige (34), que vivía con ella pero que, según declaró, se había ido el viernes a dormir a lo de su novia. También puede haber de su hija y de su ex marido”, deslizaron los investigadores.

El resultado de esas pericias permitirá enfocar la investigación: buscan el rastro de alguna persona des conocida, de la que los allegados de la víctima no tuvieran conocimiento, o de alguien haya sorprendido a la “Taty”. La otra alternativa es que no haya sorpresas en el cotejo, lo que permitiría cerrar el círculo de la investigación sobre los más íntimos.

Es que todo apunta a que el homicida es una persona conocida por “Taty”. En su mansión no había puertas ni ventanas forzadas, ni señales de alguna intromisión o pelea entre la víctima y su atacante. La mujer estaba en pijama al momento de morir y las luces del interior de la casa permanecían encendidas a las 10 de la mañana del sábado, cuando la empleada doméstica la encontró muerta al borde de la pileta. Este combo de evidencias hace creer a los investigadores que estaba durmiendo o a punto de acostarse cuando la atacaron. Y que ella le abrió al asesino porque lo conocía o que éste tenía llaves.

El testimonio de los vecinos, que ayer fueron citados a declarar, y las 15 horas de grabaciones de la cámara de seguridad de Udaondo y De Los Baqueanos (a 90 metros del lugar del crimen), servirán para contrastar los dichos de allegados y familiares. También, para reconstruir los últimos movimientos de la víctima. Así se espera establecer qué pasó en esa mansión que el matrimonio Valente-Geraige había terminado de construir hace apenas tres años. “Se analizan los autos que pasan, si hay movimientos sospechosos o alguna irrupción intempestiva”, confiaron fuentes policiales. Mientras, el misterio continúa.