Ezequiel Blanco, uno de los dos acusados del crimen de la dueña de un hostel del barrio porteño de San Cristóbal hallada calcinada en una valija a la vera de la ruta 2, en Dolores, aseguró que él no cometió el asesinato y culpó a un amigo suyo de la infancia, que había comenzado a trabajar para la víctima y que también tiene pedido de captura en la causa.

Desde la clandestinidad y junto a sus abogados, Blanco (28) dio una entrevista al diario El Sol de Quilmes, en la que aseguró que el asesino fue Joel Maximiliano Báez (29), a quien conoce desde que era chico y le consiguió trabajo en el hostel de María Cecilia «Tati» Caviglia, con quien él trabajaba desde hacía años 10 años.

«No puedo creer lo que estoy viviendo», dijo el sospechoso al iniciar la entrevista, en la que aseguró estar «triste por lo que le pasó a Tati», cuyo cuerpo apareció calcinado en una valija el 26 de agosto pasado, a metros de la ruta 2, en el partido bonaerense de Dolores.

El acusado contó que se reencontró por Facebook con Báez hace poco y que le recomendó a Tati que lo tomara para realizar tareas de limpieza y de mantenimiento en el hostel situado en avenida Independencia 1.636,d e San Cristóbal.

Según Blanco, el 25 de agosto a la noche, el día en que «Tati» fue vista por última vez, vio a Báez salir de la habitación de la mujer con las manos ensangrentadas y luego irse del hostel con una valija.

«Lo que recuerdo es que entré en un estado de shock, me siento en el sillón, me agarraba la cabeza, me puse extremadamente nervioso y no sabía cómo reaccionar», relató.

Y añadió: «Me encerré en la habitación, él baja de la escalera con la valija, además tenía más cosas dentro de otra bolsa. Tipo dos o tres de la madrugada él regresa y me busca, golpea la puerta de mi cuarto y me pregunta cómo estaba, le digo que mal y que me dejase tranquilo».

«Báez me amenazó», aseguró Blanco, quien recordó que en un momento «él prende la televisión y los noticieros informaban de la aparición de un cuerpo incinerado en el kilómetro 222 de la ruta 2».

«Me dice que a mi me iba a pasar lo mismo que a esa mujer, mientras señalaba la tele», agregó el acusado, acompañado por sus abogados, Gustavo Julio y Sergio Cortés.

«Me siento arrepentido de no haber actuado en el momento en que lo veo a él con las manos ensangrentadas, cuando lo vi bajar las escaleras, de no haber podido llamar al 911 y de pedir ayuda. Se están diciendo muchas cosas que no son ciertas y quiero colaborar con la Justicia, esa es mi principal intención», expresó Blanco.

Por su parte, el abogado Cortés dijo que Blanco «no está prófugo» y que «la idea es presentar algunos testimonios» que sirvan a la Justicia para avanzar en la causa y para resolver si se acepta un pedido de exención de prisión presentado en su favor ante el juez Pablo Ormaechea.

El defensor recordó que fue precisamente Blanco quien el 2 de septiembre se presentó ante la Justicia y dijo que sabía que había ocurrido un homicidio en el hostel de Tati.

«Si llegamos a este punto de la causa es porque Ezequiel se ha presentado ante la Justicia con los fines de colaborar, pero el Juez debe tomar decisiones y en base a eso veremos los pasos a seguir», dijo Cortéz.

La desaparición de Caviglia, una mujer conocida en el ámbito del tango y las milongas porteñas, se produjo la noche del 25 de agosto y fue denunciada al dí­a siguiente en la comisarí­a 18 por una amiga que estaba preocupada porque la ví­ctima se habí­a ausentado, igual que su empleado Blanco, y no se conectaba al Whatsapp.

La pesquisa quedó a cargo de la fiscal 32 porteña, Ana Yacobucci, quien dispuso que peritos de la Unidad Criminalí­stica Móvil de la PFA realizaran diligencias en el hostel «La Casa de Tati», donde detectaron manchas de sangre en un colchón.

La División Búsqueda de Personas de la PFA se puso a trabajar en el caso, relacionó la desaparición de Caviglia con la mujer hallada calcinada en Dolores unas horas después, la madrugada del 26, y sugirió realizar los cotejos de huellas dactilares y dentales que fueron coincidentes con Caviglia.

La autopsia realizada determinó que la mujer fue asesinada a puñaladas en el cuello y el tórax y que luego su cadáver fue atado con alambre y acondicionado dentro de la valija que apareció prendida fuego junto a un árbol en Dolores.