La primera médica que atendió a la madre complicó al sommelier

1127

La primera médica en tomar contacto con el cuerpo de Estela Garcilazo, la mujer asesinada en 2013 en su departamento del barrio porteño de Palermo, por lo que está siendo juzgado su hijo, el sommelier Luciano Sosto, aseguró hoy que decidió convocar a la Policía porque notó que “estaba toda golpeada” y era una muerte dudosa.

Se trata de la médica emergentóloga Elsa Novoa (60), testigo clave de la causa, quien esta mañana declaró ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 8 en la segunda jornada de debate de este juicio. Novoa explicó que aquel 26 de diciembre de 2013 estaba de guardia en la empresa Paramedic cuando recibió la instrucción de salir con un “código rojo” de una persona con “pérdida de conciencia” en Seguí 4444. Sosto (37) había llamado a las 15.07 a urgencias del Hospital Alemán para pedir una ambulancia para su madre (69) .

Novoa contó hoy que, al llegar con la ambulancia, notó que había un corte de luz en el edificio pero en la planta baja los recibió un sacerdote que los condujo por las escaleras hasta el departamento de la emergencia, el 4to. B.

“En la puerta había un muchacho que pedía auxilio y adentro en la cocina encontré a la paciente fallecida”, dijo la médica. Explicó que Garcilazo estaba ya “sin signos vitales” y que la encontró “fría, con livideces y lesiones, toda traumatizada”, razón por la cual le dio la orden al chofer de la ambulancia para que emitiera el “código azul” que es “la solicitud de intervención policial”.

A preguntas de la fiscal de juicio, Diana Goral, la médica explicó que decidió convocar a la Policía “Estaba toda golpeada. No me quedaba claro por qué tenía todo eso”, afirmó Novoa al explicar ante una pregunta de la fiscal Diana Goral por qué había solicitado la intervención policial.

Novoa, quien aún sigue trabajando en Paramedic pero además dijo ser jefa de guardia del Hospital Carrillo y cirujana, recordó que también le llamó la atención que estaba tirada en la cocina “contra una puerta que daba a un pasillo”.

Recordó que el ahora imputado Sosto le había dicho que su madre “se caía todo el tiempo” pero aseguró que “tenía demasiados hematomas para una caída”. También afirmó que luego de tocar el cadáver le quedó “un olor raro en las manos, muy rancio” que podría ser a “putrefacción”.

Sobre la actitud de Sosto, contó que en un momento tuvo que “sentarlo en el comedor para poder asistir a la paciente” porque “se ponía al lado del cadáver” y la entorpecía en su tarea. Comentó que cuando le comunicó la muerte de su madre, Sosto “reaccionó mal, como reacciona cualquier persona que le dicen eso y gritó ‘no puede ser'”.

A pedido de la fiscal se leyó un tramo de su declaración de instrucción, cuando afirmó que el imputado “era muy especial, estaba muy loco, sudoroso y excitado” y Novoa lo ratificó diciendo que Sosto “estaba muy nervioso”.

“A mí me enseñaron a no mover el cuerpo de un fallecido” dijo sobre la preservación del lugar y luego de ver unas fotos de la escena del crimen aseguró que la puerta de servicio donde estaba la víctima tirada “no se podía abrir” por cómo estaba posicionado el cadáver.

Por último, recordó que esperó la llegada de los policías de la comisaría 23, dio sus datos y se retiró. También declaró hoy el chofer de la ambulancia, Roberto Iglesias (57), quien ratificó el relato de Novoa y recordó las dudas que el caso le generaron a la médica.

“Me parece que tiene golpes en la mejilla y en los brazos. Va a haber que llamar a la Policía porque ésta es una muerte dudosa”, recordó hoy Iglesias que le dijo en aquel momento la médica, por lo que él llamó a “la base” y dio “el código azul”.