Dudas, secretos y misterios de una muerte extraña en una mansión

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El cuerpo de María Teresa Valente (62) fue hallado el sábado 19 de noviembre de 2016 a un costado de la pileta de natación de su mansión de dos plantas de Parque Leloir, ubicada en uno de los barrios más exclusivos de Ituzaingó. Eran las 6 de la mañana cuando la empleada doméstica advirtió que la mujer no se movía (estaba recostada de espaldas) e intentó que reaccionara. Pero “Taty”, como la conocían todos, ya estaba muerta. Desde un primer momento la familia planteó la hipótesis de un suicidio. Se basaron en la depresión que atravesaba la mujer por su reciente separación. Sin embargo, la operación de autopsia detectó golpes y rasguños en la cara y entendió que la causa de la muerte se debió a una “asfixia mecánica por sofocación”.

A un año de la muerte de Valente, la causa judicial avanzó muy poco y las mismas dudas iniciales n pudieron ser despejadas en el expediente judicial. No hay imputados ni sospechosos y todavía resta conocerse un estudio de ADN a una muestra de sangre que fue hallada en una prenda de vestir de la víctima.

La hija de “Taty”, Valeria Geraige, fue la primera persona que manipuló el cuerpo. Lo arrastró unos metros e intentó hacerle una reanimación boca a boca. Para el abogado de la familia, Luis Rappazzo, la desesperación de Valeria para que su mamá reaccionara explicaría los golpes y rasguños que presentaba el cuerpo.

“La autopsia está equivocada. A esta mujer (por María Teresa Valente) le hicieron maniobras de reanimación y creemos que la hija, en la desesperación, le agarró el cuello. No hay nada que haga suponer que alguien entró a la casa a matarla. No hay motivo, y además ella tenía dos episodios de suicidios anteriores. Una vez se había clavado el cuchillo 16 veces y otra le tuvieron que hacer un lavaje de estómago porque se había empastillado”, asegura Rappazzo.

La familia está convencida de la pista inicial. Para ellos no hay dudas de que se trató de un suicidio y entienden que no existen indicios concluyentes cómo para sospechar de que se trató de un homicidio. Lo que plantean es que la autopsia fue mal realizada.

Según este informe, “Taty” falleció cuatro horas antes de que llegara la empleada doméstica a la mansión de la calle Udaondo al 3400. Es decir, a las 2 de la madrugada. Ese día la mujer estaba sola. Hacía seis meses que se había separado de su marido, el empresario gastronómico Pedro Omar Geraige. Su hijo Omar, con quien convivía en ese entonces, se había retirado la noche anterior y dormía en la casa de su novia. Lo extraño es que los peritos que revisaron la mansión no detectaron puertas forzadas ni faltantes. Si Valente fue asesinada como indica la autopsia, es probable que el autor sea un conocido de la familia que no solo conocía los movimientos de la casa: también tenía un juego de llaves.

Lo extraño es que no hay ningún vecino que haya escuchado gritos o advertido conductas extrañas en la casa de “Taty”.

Como “Taty” Valente estaba deprimida por la separación de su marido y tenía antecedentes recientes por intentos de suicidio, es que su familia cree que la mujer se quitó la vida tomando calmantes. De hecho, no pasan por alto un dato: el hallazgo de tres blisters vacíos de psicofármacos que tomaba la victima en el tacho de basura de la casa.

Sin embargo, los médicos forenses destacaron que el cuerpo de la mujer presentaba lesiones en dos arterias carótidas, una señal de que alguien presionó con fuerza el cuello de la víctima hasta provocarle la muerte por asfixia. Como sus labios quedaron lastimados probablemente haya utilizado una tela para presionar sobre la boca y la nariz.

La última prueba que fue incorporada en la causa es el resultado de las pericias realizadas al teléfono celular de la dueña de casa, que no arrojaron datos reveladores como para establecer si había sido amenazada o intimidada en las horas previas a su muerte.

A un año de la misteriosa muerte en la mansión, las dudas son las mismas que en el inicio de la investigación. Es más, hasta la carátula de la causa sigue siendo igual: “averiguación causales de muerte”.