Flores: Asesinaron a un empresario que intentó evitar una entradera

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Fuente La Nación

Mariana festejaba su cumpleaños en la casa familiar, en una de las zonas más señoriales del barrio de Flores. Entre ellos estaba su papá Pascual Mollo, que a los 69 años prácticamente vivía para sus hijos y sus nietos. A las 22.30 del sábado salió a despedir a unos invitados. Hubo un estruendo y, cuando volvió a entrar en la vivienda apenas podía hablar y moverse: estaba mal herido. Un grupo de delincuentes había intentado ingresar, él se los impidió y recibió un disparo por la espalda. Poco después murió en un centro de salud privado.

Anoche, aún consternados por el crimen, sus vecinos y amigos se movilizaron, bajo el lema «Ni un vecino menos», a la comisaría 38» para pedir mayores medidas de seguridad. Es que en la misma cuadra del crimen hubo, en una semana, tres asaltos; uno de ellos, a la propia hija de Pascual. Al cierre de esta edición insistían, sin éxito, que los recibiera el jefe de la seccional.

«Quisieron entrar en casa y papá no iba a permitirlo. Estaban sus nietos, amigos, el resto de la familia», relató Mariana a LA NACION, con la voz quebrada por el dolor. El festejo de sus 40 años quedó arrasado por el ataque criminal.

Pero no era lo único que la acongojaba: «Tengo un sabor amargo porque vinieron dos ambulancias y ninguno de los médicos revisó a papá como corresponde para darse cuenta de que tenía una herida de bala en la espalda».

Había pasado media hora de las 22 del sábado cuando Mollo reingresó a la vivienda, ubicada en la calle Rivera Indarte al 500, en Flores, tras acompañar a unos invitados a la puerta. Balbuceaba. Alcanzó a decir «me pegaron» y Mariana pensó que lo habían golpeado. También susurró «eran tres». Pero su padre no podía explayarse más: a cada instante se descompensaba y empezaba a convulsionar. La familia notó que Pascual tenía sangre en uno de sus brazos.

Críticas por la asistencia

«Llegó primero una ambulancia del SAME y la doctora no lo revisó. Se fue sin ver la herida de bala. Algo parecido ocurrió con la otra ambulancia, de OSDE, que terminó llevando a papá a la clínica Santa Isabel, que está a pocas cuadras. Recién allí se constató que tenía un tiro en la espalda, de calibre 45, que ingresó en uno de los pulmones y lo lastimó mucho», relató Mariana. Pascual Mollo no pudo sobrevivir. LA NACION intentó comunicarse con el SAME, pero no obtuvo respuesta.

Cinco días antes de ser asesinado en este intento de entradera, Pascual Mollo había visto desde su casa cómo asaltaban a su hija Mariana en la misma puerta de su inmueble. Dos delincuentes le arrebataron la cadena de oro y el resto de sus pertenencias. El robo fue tan rápido que el jubilado no tuvo tiempo de salir a evitarlo. «Se quedó con mucha bronca. Empezó a los gritos. Desde entonces estábamos muy perseguidos», dijo Mariana a LA NACION. Y agregó, consternada: «Y ayer [por el sábado] festejaba mis 40 años y, de repente, mi papá se muere».

Mollo era un vecino muy comprometido con su barrio; era uno de los comentarios más repetidos anoche entre el centenar de personas que primero se concentró en Rivera Indarte y Francisco Bilbao, a metros de la escena del crimen, y luego marchó hasta Bonorino y José Bonifacio, donde está la comisaría 38».

Pascual Mollo no sólo había sido presidente de la Unión de Comerciantes, Empresarios, Profesionales e Industriales de la Comuna 7, sino que estaba pendiente de la seguridad en la zona. «Se preocupaba por lo que pasaba», repetían anoche los vecinos que pedían justicia y respuestas. En 2015, Flores registró el mayor número de homicidios en la Capital: allí ocurrieron 40 de los 175 asesinatos registrados.