El extraño caso del “arbolito” que lleva un mes desaparecido: hay un detenido

911

Una investigación, cinco marchas, una recompensa, revisión de cámaras de seguridad, rastreos de llamadas, un detenido, la desesperación de una familia y el miedo de una hija.

Todo eso pasó y sigue ocurriendo, sin que el misterio se conmueva: Nicolás Silva desapareció en pleno Microcentro porteño –donde trabajaba como “arbolito”– hace un mes y todavía no se sabe nada de él, publica Clarín.

El 4 de octubre, Nicolás llevó a su hija a la escuela y se fue a trabajar en moto, siguiendo su rutina de todos los días. Se paró en “su esquina” de la calle Florida y gritó “cambio, cambio”. Entró y salió de las oficinas de la financiera que lo tenía contratado. Hizo algunas transacciones y, alrededor de las 11, pasó a buscar más plata para “hacer una operación con un cliente”. Se llevó $ 70 mil, dicen. No apareció más. Según datos de la investigación, la última vez que lo vieron estaba en Venezuela y Salta, a unas 18 cuadras. Vio a un cliente en ese lugar, hizo la transacción y se fue.

La transacción, claro, consistía en el cambio de dólares a pesos, por lo que aún tenía una suma abultada con él, aunque en distinta moneda. Se mandó mensajes de texto con su pareja hasta pasado el mediodía. Todo parecía normal, no advirtió sobre ningún problema. Pero no se supo más de él. “Bien, gorda. Tranqui, trabajando”, dice su último WhatsApp.

“Es terrible lo que estamos pasando. Por suerte mi hija es fuerte y muchos días me levanta el ánimo ella a mí. Pienso que está vivo, que alguien lo tiene”, se esperanza Jésica Tomasi, la pareja de Nicolás hace 11 años, en diálogo con Clarín. Juntos tuvieron a Agostina, una nena de 9 que todos los días espera que su papá vuelva a casa.

Además de “arbolito”, Silva era encargado del área de Deporte de Contacto en el Club Atlético Defensores de Belgrano, donde practicaba kun tai (un arte marcial) dos veces por semana. Pero su participación no sólo tenía que ver con las artes marciales ni con su fanatismo por el equipo de fútbol: también había sido parte de la barra brava. “Fue antes de estar conmigo, después ya no quiso tener nada que ver”, explica Jésica.

Sin embargo siguió conectado a este grupo y, desde entonces, cada vez que River jugaba de local, Nicolás cuidaba autos como “trapito” en un sector controlado por la barra de Belgrano a cambio de una tarifa.

Eso había hecho el fin de semana previo a su desaparición, como tantas otras veces. “Aquel día tuvo una discusión fuerte con otro hombre, relacionada al control de la zona. Aparentemente le dijeron que ese sector correspondía a la barra y que, como él ya no pertenecía, no podría estar más allí”, contaron fuentes de la investigación.

Esa persona con la que discutió, que hasta aquel momento era conocido por su familia como un amigo de la infancia de Silva, hoy está detenido acusado de ser “partícipe” en su desaparición. “No me queda claro qué tuvo que ver él con todo esto. No es que se veían todos los días, pero eran amigos y después de esa pelea Nico me dijo que le había hecho la cruz, que no quería verlo más”, recuerda Jésica.

El detenido se negó a declarar y no aportó ninguna información sobre el paradero del joven de 28 años. Sólo dio una coartada para defenderse, que no pudo ser corroborada. “El hermetismo y la protección de la barra entorpecen la investigación. Es muy vidrioso todo lo que hay alrededor. Incluso de parte de familiares cercanos, que no cuentan todo lo que saben”, aseguran fuentes judiciales a Clarín. El Ministerio de Seguridad de la Nación ofrece una recompensa para quienes puedan aportar cualquier tipo de información fehaciente.

La fiscalía de Instrucción de los barrios Núñez Saavedra, a cargo del fiscal José María Campagnoli, pidió las imágenes de 200 cámaras de seguridad que controlan el Microcentro porteño para intentar descifrar qué pasó con él. Pero no hay rastros de Nicolás en las imágenes. Pareciera que se esfumó luego de ver a su último cliente.

Los rastreos del handy y el celular que usaba Silva tampoco dieron resultados. Habrían sido descartados y otras personas los usaron para hacer llamadas y mandar mensajes, pero nada de esto sirvió para dar con él. En un primer momento los investigadores creyeron que se trataba de un secuestro extorsivo, pero no hubo llamadas posteriores ni ningún pedido de rescate, por lo que tampoco se pudo seguir esa línea. Actualmente, por el tiempo transcurrido desde la desaparición, los investigadores barajan la posibilidad de que haya sido víctima de un homicidio. A Nicolás también lo buscan muerto.