Vecinos del Bajo de San Isidro, atemorizados por los asaltos

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Fuente La Nación

Un centenar de vecinos se reunieron hace pocos días para buscar una salida a la ola de inseguridad reinante. Durante la asamblea de la que participó LA NACION, el delito que más preocupa es la entradera, pero también destacaron los ataques delictivos en la bicisenda, muy concurrida por los vecinos, además de otros tipos de robos a mano armada.

En la reunión también estuvieron el subsecretario de Prevención Ciudadana de la Municipalidad de San Isidro, Federico Suñer; el jefe de la comisaría 1» de San Isidro, Rubén Juárez, y el jefe distrital de San Isidro, comisario Eduardo Codina.

Las cifras oficiales a las que tuvo acceso LA NACION señalan que en el municipio de San Isidro registraron un descenso en la cantidad de asaltos del 4,3% y en homicidios, del 33% en lo que va del año en comparación con el mismo período en 2015. Sin embargo, hubo un aumento en la cantidad de hurtos del 21,2%. A pesar de las estadísticas oficiales, los testimonios de los vecinos describen otro panorama; algunos tuvieron encuentros con asaltantes en la calle, la mayoría armados, mientras que otros sufrieron violentas entraderas en sus domicilios.

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El foro Asociación de la Ribera reúne a unos 1300 residentes del Bajo de San Isidro que reclaman por su seguridad a diario. Una de las iniciativas más importantes fue la creación de grupos conectados vía WhatsApp, que se subdividen por cuadra. Este sistema de respuesta vecinal ante los hechos delictivos fue muy útil el fin de semana pasado, durante un violento asalto a una familia que vive en la intersección de la avenida Mitre y Rondeau.

En la reunión, Suñer aconsejó a todos los presentes: «Si hubo un hecho delictivo en una vivienda aledaña, la mejor alternativa es encerrarse en su casa y llamar al 911». También destacó la creación de los grupos zonales de WhatsApp como una medida muy útil para prevenir delitos y aseguró que se están haciendo operativos de control con policías. «La central de monitoreo de cámaras está supervisada por un policía, así que una vez que se detecta un hecho se avisa al 911 para que acuda un patrullero», dijo Suñer.

Armados y agresivos

Los vecinos contraatacaron al manifestar su intranquilidad al enterarse de que todas las cámaras del Bajo de San Isidro dependen de un solo efectivo. Ante la insistencia del grupo, Suñer finalmente admitió que desde el municipio están en el proceso de instalar nuevas cámaras de tipo domo para tener un paneo más amplio de las calles.

Durante el último fin de semana de julio, tres personas armadas rompieron la puerta principal de una casa en la calle Rondeau y Mitre. Con un solo golpe lograron irrumpir en la vivienda, al amenazar al dueño de casa y a su esposa para que les entregaran dinero. Uno de los delincuentes, impaciente ante la falta de una respuesta inmediata, atacó al propietario, de 65 años, rompiéndole una botella de vino en la cabeza, por lo que se desplomó y cayó al suelo casi desvanecido.

Mientras esto sucedía en la planta baja de la casa, uno de los tres agresores subió al cuarto donde se encontraban los dos hijos adolescentes de la pareja y los intimidó con su arma para que entregaran dinero. El hecho sólo duró cinco minutos e inmediatamente se fueron, con algo de plata, en un auto que los esperaba para un escape rápido sobre la avenida Mitre. Uno de los hijos pudo alertar a los vecinos de la cuadra por el grupo de WhatsApp y de esa manera las demás familias se encerraron en sus cuartos y llamaron al 911.

«Las autoridades actúan cuando presionamos», aseguró Horacio García, una de los vecinos preocupados que participaron de la reunión. Todos reclamaron más patrullajes policiales, más cámaras en puntos clave de la zona y un sistema de alarma vecinal que cuente con un control remoto para su activación.

Ante las constantes presiones de los residentes, que insistían en la falta de actuación policial, el comisario Codina respondió: «Hay que entender que la provincia de Buenos Aires está complicada en materia de seguridad». También destacó que es importante hacer la denuncia para que la policía pueda actuar y trabajar en las llamadas zonas «calientes» del delito.

Durante el tenso intercambio entre policías y vecinos, Sofía Pianciola, de 30 años, manifestó su enojo por una situación ocurrida hace diez días, por la noche, en la bicisenda de Lasalle, entre las calles Perú y Alvear.

«Un chico de unos 20 años me apuntó con un arma en la cabeza mientras caminaba con una amiga. Nervioso, me golpeaba con el caño del arma sobre mi sien para exigirme que le entregara mi teléfono celular, y cuando lo tuvo en sus manos salió corriendo a toda velocidad», contó Pianciola, quien luego del robo se dirigió a la comisaría para hacer la denuncia.

Al usar el sistema de geolocalización del móvil, lo rastreó hasta la avenida Elcano, que bordea el río, y vio al ladrón, que descansaba en un descampado, con su arma en una mano y el celular de la víctima en la otra. «Les comenté a los efectivos de la policía, pero no me acompañaron y tampoco iniciaron ninguna acción inmediata para recuperar el teléfono», finalizó.

Algunos legisladores locales también estuvieron en la asamblea, como Marcos Hilding Olhsson, concejal del partido ConVocación por San Isidro, quien destacó: «Hay pocas salidas de escape en la zona del Bajo, por la calle España, Primera Junta o Roque Sáenz Peña». Por esa razón sería fácil prevenir el delito, ya que Olhsson aseguró que se pueden instalar cámaras o realizar más patrullajes en esos puntos.

Fernanda Roigt, de 54 años, reside en San Isidro desde hace 27 años y comentó a LA NACION, al término de la reunión, que el foro de vecinos ayuda a canalizar todas las preocupaciones de seguridad. «No estamos solamente preocupados por el síntoma, o sea el incremento de hechos delictivos que sufrimos, sino que también sabemos que la inseguridad es una consecuencia de la falta de políticas públicas y de una prevalente desigualdad. Por esa razón creamos una mesa de integración, a través de la cual buscamos apoyar a familias que cuentan con muy pocos recursos en las cercanías del Bajo», contó Roigt.