El dolor de la familia del hombre que intentó calmar la furia del asesino de Necochea

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«¡No, qué van a pedir disculpas si tienen tanta desgracia y son tan inocentes como nosotros!». El diálogo se produjo en la sala velatoria de Necochea donde estaban despidiendo los restos de Horacio Córdoba (72), el hombre que intentó calmar la furia asesina de Roberto Vecino (57), quien atacó a su familia y mató a cuatro de sus integrantes. Los que iniciaron la conversación fueron tres de los cinco hijos Vecino que quedaron vivos. La respuesta, de comprensión aún en medio del dolor, llegó de parte de los tres hijos de Córdoba y de su ex madre, Zulma Laso (69).

“Fue un héroe que estuvo en el momento y lugar equivocado”, le dice al diario Clarín la mujer, de la que Córdoba estaba separada hacía nueve años. Dos de sus hijos, Claudio (41) y Martín (37), son policías. El último vive en Tandil, al igual que el mayor de los hermanos, Walter (45), empleado en una carnicería.

Córdoba.
Horacio Córdoba, una de las vìctimas. 

Walter cuenta cómo fue el horrible final de su padre. “Intentó detener el ataque contra uno de los hijos pero este hombre lo mató con el machete. Entonces mi papá quiso salir corriendo, se patinó en el barro y se cayó boca abajo. Ahí lo degolló, casi le despega la cabeza del cuerpo”.

Vecino, que trabajaba como sereno en el cementerio municipal y era un experto en armas blancas por su pasado de filetero, volvió a entrar a su casa, en el barrio Fonavi, y terminó su obra terrorífica: asesinó a sus otras dos hijas (Rosa, de 21 años, y Etelvina, de 18). A todas sus víctimas les dio al menos 10 puñaladas con un cuchillo, una faca y un machete.

Cuando llegó la Policía, se resistió, se metió en su casa y se ahorcó con un alambre en el fondo de su propiedad, donde estaba lleno de canarios, su hobby.

“Esto es el destino, estar en el momento equivocado, en el lugar equivocado”, refuerza su concepto Walter, que sigue sin comprender por qué tuvo que ser su papá el que pasara por la calle 98 en su Ford F100. Otro testigo salió corriendo y zafó de milagro.

Córdoba era jubilado y llevaba dos décadas viviendo en el predio de la Sociedad Rural de Necochea, donde era el cuidador. Había terminado allí tras quedarse sin trabajo en la terminal de ómnibus, a raíz de la quiebra de la empresa El Pampa, los colectivos “lecheros” que paraban en cualquier lugar de la ruta para levantar pasajeros, según recuerdan los lugareños.

Tenía seis nietos y era fanático de River. A tal punto que atesoraba una camiseta autografiada por Ubaldo “Pato” Fillol y una foto firmada por Amadeo Carrizo. De joven había despuntado su pasión por el arco, atajando en el club Rivadavia, pero un accidente en moto (chocó con un camión) le lesionó seriamente una pierna y le truncó su sueño de futbolista.

También le gustaba el Turismo Carretera ( TC). Su ídolo era un “campeón sin corona”, Juan de Benedictis, “Jhonny”, ex piloto que tuvo grandes actuaciones en las décadas del ‘80 y el ‘90, con tres subcampeonatos incluidos.

Laso comenta que su ex marido “era un hombre bravo de carácter: no tenía miedo y no medía las consecuencias”. Se habían conocido en la playa y se casaron cuando él tenía 20 años y ella, 17.

“Muchas veces corté clavos, por el ímpetu que él tenía. En casa se hacía lo que él decía”, añade Laso. Su hermano Martín destaca: “Nos enseñó principios, a ganarnos la vida por el laburo y a mirar a la gente bien de frente”. Y describe, desconcertado: “Estamos tratando de encajar las piezas. Es tal la masacre, lo horroroso para ambas familias, que no sabemos para dónde agarrar”. Walter completa: “Este hombre (por Vecino) enloqueció. Es como una computadora, se le rayó el disco rígido, porque nadie en un estado normal puede hacer una cosa semejante”.

Roberto Daniel Vecino, el homicida.
Roberto Daniel Vecino, el homicida.