Investigan si los crímenes de la japonesa y su vecino fueron por una venganza

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Los investigadores del doble crimen de la jubilada japonesa y su vecino hallados ayer maniatados, golpeados y parcialmente calcinados en la localidad bonaerense de Florencio Varela, analizaban hoy si el hecho puede estar vinculado a una venganza cometida por ladrones que hace unos meses no lograron robar en la casa porque fueron perseguidos a los tiros por el marido de la víctima.

Fuentes judiciales y policiales informaron hoy a Télam que entre las declaraciones testimoniales que ya tomaron la Policía y el fiscal de la causa, Darío Provisionato, hay algunos vecinos que le contaron a los pesquisas que hace seis o siete meses la mujer asesinada, Yoshiko Kumakura (73), y su marido sufrieron en la casa de la calle Cariboni 2127 un intento de robo.

Según las fuentes, los testigos recordaron que en ese episodio los delincuentes no pudieron robar nada porque el japonés los espantó efectuando un par de tiros al aire.

“Es sólo una de las líneas de investigación. Aunque parece demasiado, esto podría ser una venganza por ese episodio”, dijo a Télam un investigador judicial.

A 24 horas del hecho, Provisionato y los detectives de la Delegación Departamental de Investigaciones (DDI) de Quilmes estaban focalizados en descubrir cuál pudo ser el móvil del crimen.

Así como surgió la pista del robo anterior, el fiscal le está tomando declaraciones a allegados y familiares -ya se presentó un sobrino del matrimonio japonés que vive en Melchor Romero-, para determinar si las víctimas tenían algún enemigo o problema personal con alguna persona que pueda ser sospechosa del doble crimen.

Si bien aún no se descarta el robo, la casa no estaba revuelta y hasta el momento no se detectó ningún faltante evidente.

“Había un televisor plasma bastante moderno que quedó encendido, otros electrodomésticos, una habitación con candado que no fue violentado y hasta un arma de fuego en el cajón de una mesa de luz que es lo primero que se llevan los delincuentes. Había muchas cosas para robar y acá no tocaron nada”, dijo una de las fuentes vinculadas a la investigación.

Sin embargo, el fiscal aguardaba para última hora de hoy el arribo a Argentina del marido de Kumakura, Toshiaki Oda, quien estaba de viaje en Japón para tratarse por una enfermedad, tenía previsto regresar recién en seis meses y, al enterarse de lo que había sucedido con su esposa, ya estaba viajando regreso en avión.

“Este hombre va a ser clave en la investigación. Él va a saber si en la casa había alguna suma de dinero u otro valor que su mujer haya entregado antes de ser asesinada”, explicó un jefe policial.

El fiscal Provisionato esperaba para esta tarde que a la sede de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) 1 de Florencio Varela lleguen los resultados de las autopsias de Kumakura y de la segunda víctima, el vecino Martín Quiroga (50), quien solía ayudar al matrimonio japonés con tareas domésticas.

Fuentes judiciales indicaron que los médicos forenses habían iniciado las autopsias este mediodía y ya le habían adelantado al fiscal que ambas víctimas tenían tapadas las bocas con algún elemento, ya que en la mujer ya encontraron restos de una toalla y, en el hombre, un trapo.

Los médicos que levantaron los cadáveres ayer en la escena del crimen le indicaron al fiscal que todo hacía indicar que las víctimas habían muerto asfixiadas, que presentaban algunos golpes -especialmente el hombre en la cabeza-, y que los quisieron calcinar cuando ya estaban muertos.

Uno de los investigadores explicó a Télam que el o los asesinos utilizaron nafta y querosén para generar el fuego pero la combustión fue incompleta, las llamas se apagaron y los cadáveres se quemaron parcialmente sólo de la cintura hacia arriba.

Los pesquisas creen que el doble crimen ocurrió entre la noche del martes y la mañana de ayer. El hecho fue descubierto ayer al mediodía, en una casa de dos plantas situada en la calle Cariboni al 2127, de Florencio Varela, en la zona sur del conurbano.

Allí fueron hallados asesinados y semicalcinados los cadáveres de la dueña de la casa, Kumakura, y de su vecino Quiroga, quien vivía en el mismo barrio que la jubilada, solía concurrir a la casa de ella por la tarde, al concluir su jornada laboral en la Capital Federal, y permanecía allí hasta la noche.

Los cuerpos fueron encontrados por el herrero que le alquila a los japoneses un local comercial ubicado al lado de la vivienda.

A este hombre le resultó sospechoso hallar el portón de la calle abierto y luego atravesó otras tres puertas que los asesinos habían dejado abiertas, hasta llegar al dormitorio matrimonial donde encontró los cadáveres.

Cuando los peritos policiales arribaron al lugar constataron que los cuerpos estaban maniatados con telas, calcinados desde la cintura para arriba y mientras Quiroga presentaba signos de haber sido golpeado previamente, la jubilada tenía un trapo en la cara que podría haberla sofocado, dijeron los informantes.

Para los peritos, el presencia del trapo y los golpes podrían ser signos de que las víctimas fueron torturadas mientras estaban maniatadas y antes de ser prendidas fuego.