Falsos tarotistas peruanos ofrecían abortos clandestinos en Liniers

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Fuente Infobae

Declarada como rebelde y prófuga de la Justicia bajo un pedido de detención, Paola Esperanza Silva Magallanes, una falsa tarotitas conocida como «Hermana Paola», cayó presa días atrás de la forma más estúpida: por ir a la Policía a ver sus antecedentes. Peruana, de 30 años de edad, fue puesta a disposición del juez federal Sergio Torres.

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Sin embargo, el magistrado tuvo que dejarla ir, excarcelada bajo una pequeña caución de $10 mil pesos. Cerca de Torres, una voz explicó la encerrona judicial que permitió que Paola salga libre: «Las penas a la banda que integró fueron tan bajas que no hubo suficiente para dejarla presa». El fiscal Federico Delgado respondió rápidamente con un pedido de prisión preventiva, bajo un evidente peligro de fuga.

La captura y rápida liberación de la «Hermana Paola» se había vuelto en una piedra en su zapato. Tanto él como el Juzgado Federal N°12 la habían investigado arduamente a ella y a sus cómplices. ¿El delito? De acuerdo al pedido de prisión preventiva de Delgado, integrar «una banda de personas que de un modo organizado montó una clínica para la práctica ilegal de abortos y suministro de medicamentos».

Desde agosto de 2009 hasta 2011, la organización que integró Magallanes interrumpió embarazos con medicamentos como Misoprostol e incluso intervenciones quirúrgicas en hasta gestaciones de cuatro meses en falsos consultorios en Liniers, sin licencia médica alguna o siquiera condiciones básicas de higiene.

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Se anunciaban a través de volantes, algunos de ellos prometían otros fines, como lecturas de tarot, «amarres» y brujerías de pareja. Otros eran más frontales: «Consultorio Mi Bolivia, atención a mujeres en edad fértil – solución atraso menstrual – $300 – con garantía», decía uno de ellos.

El caso de Paola Magallanes en particular es al menos sórdido. En septiembre del 2011, según la elevación a juicio presentada por Delgado, testigos indicaron que la «Hermana Paola» le practicó un aborto a una mujer en una pequeña pieza en la esquina de Carhué e Ibarrola. Le dio pastillas y le practicó un raspaje por $1500 pesos.

La mujer le manifestó que sufría de dolores; Magallanes le respondió que se la aguantara porque si no «iría a la cárcel». Tras una alta fiebre y un profundo malestar vaginal, la mujer terminó internada un mes en el Hospital Penna: tuvieron que extirparle el útero para salvarle la vida. Luego, fue a increpar a Magallanes. Negó todo, bajo la excusa de que sus «tratamientos» siempre «le salían bien».

No fue un caso fácil de cerrar para Delgado y el Juzgado N°12. La banda cambiaba de domicilios rápidamente y descartaba sus líneas telefónicas: una decena de allanamientos en donde se hallaron gran cantidad de pastillas e instrumental quirúrgico, comunicaciones intervenidas, la participación de divisiones de la PFA y la Policía Metropolitana y hasta una agente policial encubierta que visitó los consultorios fueron parte de la pesquisa.

Por otra parte, la banda está lejos de caer presa en su totalidad: Paola Magallanes es, en sí, una de cinco mujeres procesadas y prófugas en el organigrama. Eventualmente, su líder, Marcos Antonio Escobar Sosa, alias «Hermano Vicente», peruano, oriundo de la ciudad de Tacna, de 46 años, vecino de Villa Celina y tarotista de profesión y cinco de sus cómplices -José Dameno, Martina Iris Apaza, Tamara Ibañez, Rafael Quispe Lima y Carlos Sánchez García- terminaron presos. Pero el fallo que los condenó el 31 de marzo del año pasado dejó al resto de la investigación en una posición al menos incómoda.