Indagan al carnicero por el doble crimen y el secuestro de Mía

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Enrique Alcaraz, el carnicero de 25 años que está acusado de haber asesinado a Sabrina Martín (24) y su hijo de 3 años y secuestrar a su otra hija de 6 en El Palomar, será indagado esta mañana por los fiscales de Morón Claudio Oviedo y María Cecilia Corfield, según informaron fuentes judiciales.

Este empleado de carnicería fue detenido ayer en Junín. Un jefe policial confirmó que en poder del sospechoso se secuestró un cuchillo que ahora será peritado para determinar si es la misma arma blanca empleada en los homicidios y que no fue hallada en la escena del crimen.

Luego de ser detenido, Alcaraz fue llevado a la sede de la Coordinadora Departamental de Investigaciones (CDI) de Junín donde fue revisado por los médicos.

Alrededor de las 17 salió de la sede policial esposado, con la cabeza cubierta con la capucha de su buzo verde y custodiado por policías que los subieron a un auto particular para llevarlo a Morón.

De acuerdo a las fuentes, el imputado tomó un tren de Ferrobaires en la ciudad de Mercedes que partió a las 20.29 de ayer con destino a Junín.

Los voceros consultados señalaron que Alcaraz tiene antecedentes penales desde que era menor de edad, registra varias fugas de hogares, entre ellos, de la Fundación Felices Los Niños, su madre lo había denunciado por abuso de un hermanastro y es fanático del animé japonés.

Según uno de los investigadores, Alcaraz conoció a Martín en un cíber de El Palomar donde ella trabajaba, se hicieron «amigos» y «ella a veces lo dejaba dormir en su casa y solía pedirle que se quedara al cuidado de sus hijos, por lo que de esa manera creó un vínculo muy especial y cercano con la nena».

Los pesquisas incluso pudieron determinar que cuando pasaba la noche en la casa del doble crimen, en la calle Murillo 484 de El Palomar, Alcaraz dormía junto a Mía, en la cama de la niña.

Aparte de salir a cartonear con un carro, Alcaraz había logrado conseguir un empleo en la carnicería «La Central», ubicada en la calle José Bianco al 1900 y la rotonda de la plaza de El Palomar, donde el dueño contó que él «adoraba» a la nena y que solía llevarla al trabajo.