Habló la madre de uno de los navegantes perdidos en el Atlántico

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«Era una travesía que pensaban hacerla en 40 días y ya estamos en el día 100», aseguró hoy Nélida Mihailov, esposa y madre de dos de los tres navegantes argentinos que se encuentran perdidos en el Atlántico Norte, luego de haber partido de Estados Unidos rumbo a Portugal para concluir el viaje en la ciudad española de Cádiz.

«Después de haber tenido la última comunicación con ellos el 26 de julio se cortó la señal del monitoreo satelital por lo que pensamos que habían salido del área de Internet al entrar en altamar, y entonces nos dijeron que teníamos que esperar 40 días para volver a comunicarnos, y esperamos 90 días, pero ya nos pareció excesivo», dijo la mujer esta mañana en diálogo con Radio 10.

Mihailov precisó que «ellos son muy hábiles y precavidos, pero el tema es que no tienen propulsión, no tienen comando, no tienen comunicación, por lo que están a la deriva, y si quedaron muy cerca de la costa, el agua los lleva y los hace encallar en cualquier lado».

«Es una travesía que pensaban hacerla en 40 días y ya estamos en el día 100», manifestó.

«Por eso -remarcó- estoy insistiendo en ver si el Skype (software de videochat) nos puede dar las coordenadas de dónde se está emitiendo una señal en la cuenta de mi hijo que apareció el 7 de octubre con el color amarillo que significa que está ausente pero conectado, y todavía está encendida».

En este sentido, expresó que «posiblemente Skype pueda decirnos desde dónde se emite esa señal. Si es del Atlántico Norte es donde están ellos», dijo al referirse a los tres tripulantes desaparecidos, Raúl Oscar y Pablo Sebastián Enriquez, su marido e hijo, respectivamente, y Raúl Echevarría.

La cancillería argentina ya solicitó a Puerto Rico, país del que tiene bandera el velero «Maratonga», que emita el alerta internacional con las características de la embarcación para facilitar su búsqueda.

Mihailov recordó que el viaje se había iniciado en Cartagena de Indias, Colombia, luego hicieron escala en Cuba y el último puerto en el que se detuvieron fue en la localidad estadounidense de Oxford.

«En el último contacto que tuvimos no expresaron ningún problema, no había complicaciones, estaba todo tranquilo. Además, tienen todo lo que necesitan y viajan en un velero de acero naval de 52 pies con dos mástiles bastante estables», concluyó.