Los dos imputados por el crimen de Leonardo Fornes (Foto: Télam)
01/08/2012 : 17:25 : Uno de los acusados por el crimen del comerciante Leonardo Fornes, asesinado de siete balazos durante un asalto cometido en su juguetería del barrio de Colegiales en 2011, admitió hoy haber estado con un arma en el hecho, pero dijo que como estaba alcoholizado y drogado no supo “realmente lo que sucedió”.
En tanto el otro imputados, acusado de esperar a su cómplice a unos 100 metros del comercio a bordo de una moto en la que escaparon, se deslindó hoy de toda participación en el hecho y dijo que está preso “de onda”.
El debate a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 9 porteño comenzó hoy alrededor de las 10, en el sexto piso del Palacio de Tribunales, cuando el sindicado autor de los disparos contra Fornes, Gonzalo Sebastián Acevedo (26), tuvo el primer turno para declarar.
Acevedo relató que la mañana del hecho se encontraba junto al otro imputado, Franco Maximiliano Ortiz Acosta (25), y un conocido, llamado Jonathan Zavala, en una plaza ubicada a 100 metros de la juguetería de Fornes, en Álvarez Thomas y Heredia, donde se habían quedado bebiendo cerveza después de ir a bailar.
Según le dijo Acevedo a los jueces Ana Dieta de Herrero, Fernando Ramírez y Luis García, se dirigió “al mástil de la plaza para hacer pis” y halló una pistola escondida “debajo de una tapa metálica”, la cual decidió conservar.
Luego y sin decirle nada sobre el arma a Ortiz Acosta, fue a la juguetería de Fornes "a comprar un oso de peluche" para amigarse con su novia con la que había discutido.
“Entro a la juguetería, le pido un oso, le voy a abonar y empiezo a buscar dinero y este señor se me abalanza a mi cintura”, dijo Acevedo, y agregó: “Después me di cuenta que era lo que tenía encima (en referencia a la pistola), forcejeamos, fue todo muy rápido y empecé a escuchar estruendos”.
Acevedo aludió luego al consumo de alcohol y drogas durante la noche previa, que no le permitieron “saber realmente lo que había pasado”, aunque confesó haber estado “muy asustado”, luego de lo cual corrió nuevamente hacia la plaza.
Allí, presuntamente sin darle explicaciones sobre lo que había sucedido, le pidió a Ortiz Acosta que lo llevara a su casa, le pidieron prestada la moto a Zavala y se alejaron.
“Sabía que algo había sucedido, nunca me imaginé que algo tan grave”, dijo Acevedo en referencia a cuando vio la noticia en los medios al despertarse, y agregó: “Nunca tuve la intención de robar”.
Ortiz Acosta, en tanto, coincidió con Acevedo en que éste no le había contado que encontró un arma, que cuando lo vio regresar corriendo le preguntó “qué pasó” y éste respondió que “estaba todo bien”, luego de lo cual lo alcanzó hasta su casa en la moto.
“Al otro día vi en las noticias y entendí lo que había pasado y me contacté inmediatamente con mi abogado”, dijo Ortiz Acosta respecto a que su letrado, Antonio Pérez, le aconsejó no presentarse hasta ser citado a declarar como testigo.
Ortiz Acosta estuvo prófugo cinco meses hasta que fue detenido por la Policía Federal, por lo que la abogada querellante, Adriana Poledo, presentó una denuncia ante el Ministerio de Seguridad de la Nación contra los efectivos de la comisaría 37ma. y luego su comisario, Roberto Jeremías, quien fue pasado a disponibilidad.
Dijo que está “preso de onda” y que hace “mucho tiempo esperaba este momento” para decir que no tiene “nada que ver”.
Luego de los acusados declaró la viuda de Fornes, Francisca Simona Rojo (41), quien con lágrimas en los ojos relató que junto a su marido había decidido instalar la juguetería en ese lugar porque “parecía un barrio tranquilo”, y que luego del hecho la cerró y no volvió “nunca más”.
El hecho que se juzga ocurrió el 26 de marzo de 2011 a las 10, cuando Fornes (39) acababa de abrir su juguetería "El mundo de Zozo" y un joven ingresó al local.
Según se acreditó en la etapa de instrucción de la causa, el asaltante amenazó con una pistola calibre 6.35 al comerciante y pretendía llevarse dinero de la caja registradora, pero como recién había abierto y no tenía nada de recaudación, le sustrajo unos 60 pesos que tenía en su poder.
Al parecer, Fornes pretendió resistirse al robo y sacarle el arma al ladrón, por lo que éste le efectuó siete balazos, uno de los cuales le perforó el corazón, y huyó junto a un cómplice a bordo de una moto, cuando se les cayó la pistola y un teléfono celular.
Médicos del SAME lograron sacar a la víctima del paro cardíaco que había sufrido y cuando el paciente llegó al Hospital Tornú fue operado, pero murió por el balazo en el pecho, adonde había sido herido además de en el brazo, en una pierna y en la pelvis.
Fornes estaba casado con Francisca, tenía una hija de 6 años y también trabajaba como supervisor en Frávega, por lo que atendía la juguetería en sus ratos libres.
A dos días del crimen, fue detenido Acevedo en base a tareas investigativas y a la descripción fisonómica realizada por un comerciante vecino que vio a los ladrones cuando llegaron al lugar y los reconoció, ya que eran del barrio.
En cambio, Ortiz Acosta estuvo prófugo cinco meses, pese a que los vecinos lo veían en su casa de la calle Estomba, ya que siempre vivió en el barrio e incluso era cliente de la juguetería.