Piden agravar los cargos a un policía que mató a una oficial en un entrenamiento

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Andrea García habló con su hija por última vez el 24 de agosto pasado a las 13.30. Dos horas después, Yanina Giménez, de 22 años, oficial de la Policía Local de Lanús, recibió un disparo letal en el pecho durante un ejercicio de entrenamiento.

El responsable fue Gustavo Serrano, subjefe de la comisaría de Turdera, con 15 años en la fuerza bonaerense, quien olvidó registrar la recámara de su pistola reglamentaria y no advirtió que tenía una bala lista.

Andrea tiene más motivos para indignarse: Serrano duerme todas las noches en su casa junto a su familia, ya que la Justicia lo imputó por homicidio culposo y lo benefició con la prisión domiciliaria. Ella, en cambio, busca consuelo leyendo una y otra vez antiguas conversaciones de whatsApp con su hija que todavía guarda en el celular.

“Pido a la Justicia que cambie la carátula. Para nosotros no se trató de un accidente, sino de un asesinato con alevosía, porque él podría haberle disparado al aire, a una pierna, a cualquier lado, pero prefirió apuntarle al pecho. Además, cómo se explica que a mi hija, que no tenía ni siquiera un año dentro de la policía, jamás se le haya escapado un tiro y que él, con tanta experiencia, no se diera cuenta de que el arma tenía una bala”, dijo Andrea al diario La Nación.

Aquel día, Yanina cumplía la segunda jornada de reentrenamiento en el predio que la Policía Local tiene en Gerli. Después de la prueba de tiro, llamó a la madre para compartir su entusiasmo: de 30 disparos había acertado 28. Lo que siguió fue la fatalidad y la negligencia. Durante la recreación de una entradera, Yanina asumió el papel del delincuente que toma un rehén y Serrano el del policía que debía actuar. El experimentado agente lo hizo disparando en el pecho de Yanina, que no contaba con un chaleco antibalas por la simple razón de que no era necesario.

Según al expediente abierto en Asuntos Internos, Serrano está desafectado con solicitud de exoneración. Su caso particular se analizó a la luz del protocolo del uso de armas, que obliga a descargarlas antes de su puesta en práctica en ejercicios o entrenamientos a fin de no poner en riesgo la vida propia o de terceros.

“Mientras yo estaba sepultando a mi hija, Serrano ya estaba en su casa con su familia. Él está suelto porque todo el mundo sabe que para la policía la prisión domiciliaria no existe, la puede violar con total impunidad. Eso quiere decir que un asesino tiene privilegios y nosotros, los que tenemos que salir a laburar todos los días, no tenemos justicia”.

Andrea entiende que la responsabilidad de lo que pasó con su hija no debe recaer solamente en quien apretó el gatillo: la extiende a las autoridades de la fuerza. “Hace pocos días me contaron que después de lo de Yani empezaron a revisar las armas antes de ingresar a los entrenamientos y así se dieron cuenta de que una chica tenía una bala en el cargador. Iba a volver a pasar lo mismo y otra familia iba a sufrir lo que estamos sufriendo nosotros”.

Otro reclamo insistente de la familia es la falta de medidas de seguridad en el Centro Provincial de Formación y Capacitación de la policía bonaerense, donde ocurrió la tragedia. “El predio de Gerli no era seguro para realizar un entrenamiento de ese tipo. En el caso de mi hija se disparó una pistola cargada, pero otras veces los oficiales deben trepar en las alturas, simular peleas, y todo eso lo tienen que hacer sin que haya una ambulancia en el lugar. A Yanina la llevaron al hospital en una camioneta sus propios compañeros, si no se moría ahí mismo”.

En ese sentido, fueron varios los agentes que luego de enterarse de la noticia mostraron a través de las redes sociales su indignación y reclamaron mejores medidas de seguridad en los centros de formación.

Andrea también remarca que después de la muerte de su hija ningún policía con rango alto se acercó a hablar con ella o su familia ni a pedir disculpas, pese a que “algunos estaban ‘figurando’ en el velatorio”.

Yanina había ingresado a la Policía Local de Lanús en diciembre de 2016 y era una más entre los 60.000 agentes que participaron del reentrenamiento -ejercicios obligatorios y con cupos limitados- el año pasado. En el momento del hecho estaba separada y vivía junto a su hijo de 4 años en la casa de su madre. La mayor parte de su salario como policía lo ahorraba porque quería empezar a edificar en la terraza de la propiedad y mudarse. Pese a su deseo de independencia tenía una excelente relación con la madre. “Me queda otro hijo, pero ella era mi compañera. El dolor es más grande cuando pienso que mi nieto perdió a su mamá. Va a ser muy difícil que lo pueda superar porque tenían una unión muy fuerte”.

El llanto interrumpe el relato de Andrea. Solo cuando se repone puede confesar la culpa que carga: “Ella estaba enamorada de lo que hacía, pero cuando le propusieron entrar a la policía tenía dudas. Hablamos mucho del tema y al principio le dije que no lo hiciera porque me parecía peligroso, pero después, como una estúpida, le dije que sí, que podía darle seguridad económica. Y el resultado fue este”.

Fuentes de la policía bonaerense desmintieron los dichos de la madre de Yanina Giménez acerca de que el predio de Gerli donde ocurrió la tragedia no contaba con las condiciones de seguridad necesarias. “Nosotros examinamos las instalaciones y estaban aptas para realizar el ejercicio. Lo que pasó fue negligencia de una persona, no de la institución”, remarcó un vocero de la fuerza.

Con respecto a la manera en que se podía haber evitado un desenlace fatal, la fuente se sostuvo: “Lamentablemente no podemos hacer nada si alguien se olvida de descargar el arma en un simulacro. Para nosotros fue una locura lo que hizo Gustavo Serrano y por eso se inició de inmediato el trámite para separarlo de la fuerza”.

En los últimos tiempos los familiares y amigos de Yanina marcharon, con banderas que rezaban “Justicia x Yani” y “Nuestro ángel azul” hacia el municipio de Lanús, extendiendo su reclamo a los funcionarios civiles. Ante la consulta sobre ese reclamo, el jefe comunal, Néstor Grindetti, sostuvo que “desde el primer momento Diego Kravetz y todo el equipo” de la secretaría de Seguridad local se reunieron con la familia de la víctima para brindarle asistencia.